viernes, 19 de noviembre de 2010

Diecisiete

El alcohol impidiendo en gran parte que se dieran cuenta de lo que hacían.

Tres cuerpos llenos de pasión y calentura, frotándose uno contra otro.

La dulzura de aquellos labios que parecían protegerla, tratándola como al más frágil cristal.

La fiereza que aquellos otros imprimían en los suyos, el embriagante calor que despedían cuando la mordían.

La bestialidad de su boca en la suya, creando fantasías inimaginables en su mente.

Ambos succionando sus pezones, uno con fuerza y otro con calidez, delatando personalidades opuestas, haciéndola gritar a cada mordisco, a cada sacudida de placer sentida en su sexo...

Manos colándose por sus bajos hasta hacerla gemir de placer.

Todo aquello destrozando sus creencias, atándola eternamente a la lujuria.


Amor y sexo, mezcla heterogénea y eternamente placentera.
...

1 comentario:

  1. ¡¡Dios, que pedazo de relato!!
    Ha sido hermoso, candente, dulce y voraz... te quedó genial mi querida Esther:D

    lKisses

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