lunes, 4 de octubre de 2010

[Ejercicios Periódicos] Escritura automática Octubre: Odio

La había engañado y violado cuando sus compañeros se habían alejado de ella lo suficiente, en el momento en que menos sospechó, cuando más débil se encontraba... Indiscutiblemente, la odiaría aún más cuando probara su carne pero por ahora aquel odio era más visible en sus ojos cuando la miraba. Desde que la había conocido en la batalla de la colina, y vista su personalidad -a su parecer- desagradable y creída, sentía una acérrima ira hacia ella; tanta que podría haberle salido por la boca en forma de vómito sanguinolento. Sin embargo, la gota que había colmado el vaso fue la herida que ella le causó con un arma arrojadiza. Según él, estos eran los motivos que le habían llevado a cometer aquello que algunos osaban llamar crimen.
Así que, con morboso convencimiento de causa y aprovechando que estaba distraída paseando, se había encargado de, con sus poderes oscuros, conjurar un enorme laberinto de árboles de tronco anudado en el que ella se había perdido sin darse cuenta, como la tonta e insufrible que era. No es que él la deseara de manera libidinosa; simplemente quería hacerla sufrir lo suficiente para quebrarla y creía saber que aquella manera era la mejor. Un montículo de piedra sería testigo de aquel crimen que él mismo se encargaría de cometer, montículo que había predispuesto solamente para aquel fin.
Tarde se dio cuenta aquella chiquilla que le habían tendido una trampa. Presa del pánico, trató de huir de sus garras al encontrárselo de frente, pero para suerte de él no pudo. Aquel hombre sonrió victorioso, con la mueca de malo que le caracterizaba. Río mucho más cuando sacó su espada y empezó a realizar cortes con ella al aire, rasgando la túnica verde pálido que ella usaba y dejando al descubierto partes de su cuerpo hasta ahora no vistas. No importó cuánto se revolvió, cuánto gritó mientras la empujaba y le arrancaba la ropa. Cuando al fin la tuvo sobre aquella cama de piedra, la empujó hasta dejarla tumbarla y después posicionarse sobre su cuerpo. Ni siquiera le aferró las manos; quería sentir cómo se revolvía, asustada e incapaz de hacer nada.
Tomó sus labios, dejando mordiscos y marcas por donde pasaba; recorrió su cuerpo marcándola como una propiedad que pudiera reclamar. Ahogó todos sus desgarradores gritos con su fuerte mano y le agarró el cabello con fuerza, hundiéndose en ella, penetrándola una y otra vez, traspasando su inocencia con cada embestida. Cuando se derramó en su interior, ella tenía los ojos abiertos y sin vida, pero respiraba.
Se permitió, antes de despedirse, decirle unas nada sutiles palabras de despedida.
"Sólo eres una sucia perra más".
Con una sacudida de su capa negra, desapareció en la bruma de la noche.




1 comentario:

  1. Aun que ya te haya comentado en el Foro, no puedo dejar de hacerlo.

    Hay poder, dureza, crudeza, dolor y pena. Pero con forma y delicada hermosura;D

    Lo adoré;D

    kisses

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