jueves, 21 de octubre de 2010

Proyecto III: Creación de un personaje literario (segunda fase)

El diablo personificado

Le recuerdo aún en aquel papel, recién dibujado y pintado. Mi mejor obra. Era como ver a un personaje real: con su hermosa sonrisa, su apuesta figura y sus colmillos ensangrentados; la imagen que más me horrorizó pero a la vez la que más llamó mi atención. Descubrir qué había tras tanta maldad me causó tanta curiosidad que me obsesioné. Quizá fue un error, pero me encapriché de mi propia creación.

Por mi afición —desde bien pequeña— al dibujo, no me costaba nada imprimir esa mirada feroz en mis cuadernos. El lápiz bailaba entre mis dedos con ligereza al dibujar aquellos hermosos rasgos una y otra vez: Su cabello corto y grisáceo como un día lluvioso, sus ojos rojizos y aquella sonrisa como coloreada en carmín. Todo en él era atemorizante y eso era precisamente lo que me tenía ansiosa. Era tan perfecto para mí que quería tenerle a mi lado, en persona… y una noche, en aquel oscuro callejón, lo conseguí. Lo único que vi extraño es que no se abalanzase sobre mí para comerme. Tampoco es que yo huyera, porque no le tenía miedo a cosas como esas debido a mi vida simple y sin emoción. ¡Quería algo que me hiciera vivir al límite!

Y lo cierto es que conseguí eso y mucho más, pero primero dejadme que os cuente cómo fue la noche que le conocí, después de verlo en mis cuadernos día y noche…

Aquella noche, mientras paseaba meditabunda por la ciudad, oí ruidos y con mi innata curiosidad, decidí que caminaría hasta dar con la fuente de aquellos sonidos. Para mi poca sorpresa, descubrí que allí había alguien de espaldas.

—¿Quién es usted? —pregunté con mi voz aniñada.

No sabía bien de qué la tenía así pero desde pequeña mi padre me decía que si me bebía el café solo nunca tendría voz de mujer, y fijaos, así se quedó. Y mira que es una tontería, pero bueno, aún hoy lo sigo bebiendo cuando me harto de la sangre. A lo que iba, volví a fijarme en ese lugar, sorprendiéndome al reconocer el callejón sin salida en el que siempre dibujaba al hombre de mi imaginación. Podría haber parecido una locura, pero a mis diecisiete años recién cumplidos, que me ocurriera algo emocionante era mi razón de existir.

Sin más, aquella persona se giró y me quedé muerta al ver al hombre de mis dibujos hecho carne, igual de hermoso, pálido y atemorizante. Aquella boca llena de blancas perlas y afilados colmillos me causó fascinación.

—Mi ama —habló, arrodillándose—: ¿En qué os puedo servir?

No sé muy bien por qué, pero eché a correr hasta llegar a mi casa, en donde me resguardé hasta el día siguiente. Supongo que todas aquellas emociones no sentidas hasta ahora tuvieron algo que ver.

Lo cierto es que siempre llevé una vida de adolescente normal —rozando lo aburrido—, con unos padres que no me hacían el más mínimo caso y vivían pendientes día y noche de mi hermano mayor, mudo de nacimiento, que me seguía a todos lados para saber qué hacía. Era una pesadilla vivir tan aburrida. Y es que, según mi psicólogo, “gracias” a mis queridos padres y hermano, yo había desarrollado una personalidad dada al pasotismo y a dejar que todo ocurriera sin plantarle cara a la vida. Supongo que por eso dejé de ir.

Al otro día me vestí con el vestido rojo que guardaba para las ocasiones especiales, me puse mis mejores zapatos, até mi cabello con una cinta azul y me maquillé debidamente. Me detuve ante el espejo y me admiré con esos ojos azules que saqué de mi madre… ¿Sería lo suficientemente perfecta para él? Quizá enloquecí de amor y deseo porque no sabía lo que me esperaba.

Recuerdo que después del instituto tomé una ruta distinta, encaminándome a aquel oscuro callejón en el casco antiguo de la ciudad. Ya era de noche cuando llegué y él me esperaba con la misma postura del día anterior. Oía los pasos de mi hermano pero ya no me importaba; jamás le creerían si lo contaba.

—¿Qué deseáis, mi ama? —Pudo engañarme diciéndome que era mío pero he vivido feliz desde entonces.

—Llévame al lugar de dónde provienes —le rogué—. Hazme tuya, conviérteme.

Pronto mis deseos se hicieron realidad y mientras nos besábamos, un túnel negro apareció tras él y desaparecimos en su interior. Ya en la más profunda oscuridad aquel ser clavó sus colmillos en mi yugular, sorbiendo poco a poco mi sangre... Después de eso vinieron muchas cosas: Todos aquellos nuevos sentimientos indescriptibles, mi lenta conversión en dos años, la adaptación a aquel mundo oscuro y hostil, la felicidad cuando él me hizo suya por primera vez…

Hace poco me dejó ir otra vez a la tierra en la que crecí. Me enteré de que mi hermano estaba aún vivo, a las puertas de la muerte y le fui a ver para darle algún tipo de oportunidad para vivir. Ciertamente, cincuenta años han pasado ya, y yo he cambiado mucho en todos los sentidos. Sin embargo, en aquella cama de hospital en la que se encontraba mi hermano, le vi tan débil que no fui capaz de molestarle.

Ahora soy su presa, su reina, la retratadora de todos sus demonios, a la que toma todas las noches sin falta. La Inmortal sanguinaria con la que comparte su mesa...

...su preferida.

FIN

12 comentarios:

  1. Siiiii;D

    Me acuerdo que cuando leí lo de la carta, en donde el hermano decía haber visto desaparecer su hermana, todos sus sentimientos, búsquedas... me ha encantado por fin conocerla y saber que pasó en realidad;D

    Kisses querida Esther, ha estado genial;D

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  2. Hola, Esther, muy bueno el relato, un poco triste, es cierto. Y es una pena que debido al límite de extensión no pudiéramos saber más de ese hombre tan misterioso ;-)

    Besos!

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  3. Me ha encantado todo incluso ese pequeño tono de humor en lo del café. La verdad es que algunos de los relato, entre los que se encuentra el tuyo, se me hacen cortos y me quedo con ganas de mucho mas. Felicidades, Un abrazo.

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  4. Gracias por vuestros comentarios. La verdad es que sí fue una pena que no pudiéramos extendernos mucho. Me iré pasando a leer vuestros relatos en estos días, ya que no he tenido mucho tiempo últimamente. ¡Besos para tod@s!

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  5. Guau, me encantan este tipo de historias.

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  6. Yo también quiero saber más de ese hombre!!! Más de lo que pasó cuando la convirtió!!
    Me ha gustado mucho, Esther.
    Besitos

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  7. Lindo lindo lindo.
    Me gustó - y odié - el asunto de que ella era su ama, porque estás son horas que sigo sin captar si la engañó o no.

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  8. Que guay!! me ha gustado mucho!! felicidades

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  9. me ha encantado que sus dibujos se hicieran realidad. La verdad es que es una pena que haya límites de espacio, muchos de los relatos merecían más espacio.

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  10. Voy a probar a dibujar un billete de 500 a ver si me pasa lo mismo que a tu personaje XD

    Está muy bien el relato, yo también quiero un vampiro molón como ese.

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  11. Muy interesante, me gusta como se inicia, la introducción que haces y luego como lo desarrollas. Es original el planteamiento de que la protagonista dibujase al vampiro antes de conocerlo.

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  12. Esther:

    Cuando estaba leyendo la mitad de la historia desarrollada con el personaje de María, de repente, me acordé del texto que hiciste de la carta escrita por el hermano de ésta.

    Ahora, entiendo la razón de porque María desapareció de su mundo y se marchó con ese vampiro que nació como producto de su imaginació al dibujarlo hacia esa otra dimensión.

    En fin, me alegro haber conocido a fondo el personaje de María; aunque ella se convirtió en un ser inmortal, sentí tristeza después de ver a su difunto hermano desde el hospital cuando pasaron esos cincuenta años, después de su desaparición.

    Saludos Karuna ^^

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