jueves, 13 de noviembre de 2014

¡Hola de nuevo! + Participación en el Concurso de Microrrelato de Terror de Baricentro

Ha pasado mucho tiempo desde la última entrada en este blog (no puedo ni contar las veces que intenté publicar algo y al final no me vi capaz por falta de motivación). 

Próximamente escribiré más entradas, pero de momento aquí tenéis mi participación en el Concurso de Microrrelato de Terror del Centro comercial Baricentro (desafortunadamente, no fui la ganadora), el pasado octubre. 



Espero que os guste ^^

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La niña

En una nublada tarde de otoño en Baricentro… se acercaban las nueve de la noche, y mientras recogía las hojas secas que se acumulaban en el exterior de la puerta cinco, una farola parpadeó durante un instante; le quise restar importancia, pues desde hacía varios días era algo constante: en mi casa, en los pasillos e incluso, como ahora, en la calle. Recorrí los pasillos de personal y llegué a uno en que algunas luces estaban fundidas y las paredes pintadas en tono oscuro; desde que trabajaba allí, siempre temía la hora de salida por tener que ir por allí. Di unos pasos y la luz del fluorescente hizo un guiño. Me detuve y cuando iba a volver a caminar, comenzó a parpadear muchas veces seguidas. Me pareció que se dibujaba una figura bajita sosteniendo algo entre sus brazos. Un osito sucio y desgastado, pintado con rojo. Me paré, un escalofrío recorriendo mi espalda. Lágrimas llenaron mis ojos cuando levantó su rostro. Mi boca se abrió:

-Cariño, ven con mami.



Su única visita. El día 31 de Octubre.


lunes, 25 de junio de 2012

Proyecto Junio 2012: Juntos y revueltos


¡Hola! Casi a última hora, aquí tenéis el relato de este mes. Saludos a tod@s :)

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Mi vecina

Estresada, Marta tiró el cigarrillo al suelo y lo pisó con la suela de su zapatilla de “ositos”. Los gritos de sus vecinos le llegaban desde su izquierda por cuarta vez consecutiva aquel día y para acabarla de joder, odiaba los petardos y aquella noche era San Juan. La mujer se revolvió el pelo con furia y se sentó de un golpe en el sofá. ¡No podía más, necesitaba ir a trabajar! Al menos su trabajo le gustaba más que esto: chicas desnudas, todo tipo de objetos de plástico por aquí y por allá y follar hasta terminar tan reventada que sólo con tumbarse en la cama se dormía. Eso definitivamente le gustaba mucho más que los ruidos ensordecedores y los gritos de sus queridos vecinos.

Tapándose la cara, se tumbó en el sofá, y ¡guala!, los gritos pararon de repente pero aún así no los petardos. Marta suspiró pero no pasó mucho tiempo hasta que escuchó un repiqueteo en la puerta de su casa. Intrigada, se levantó y se acercó a la entrada con la clara intención de mirar por la mirilla. Sufrió un retortijón en el estómago y las mejillas se le colorearon. Estaba impactada.

¿Qué hace aquí la vecina?

Abrió la puerta un poco pero al verla quiso dejarla pasar enseguida: tenía marcas de llanto en sus ojos y mejillas y un pequeño cardenal en el pómulo derecho, además, podrían haberla tachado de superficial pero, ¡le parecía tan mona! Desde que la había visto por primera vez: con esos ojitos marrones como dos luceros, el pelo castaño claro y corto enmoldando un rostro redondo y perfecto. Dios mío, qué bonita era.

Buenas noches, ¿me dejaría usted pasar? —preguntó la chica con una vocecilla casi inaudible.

Cla—claro... —Marta se sorprendió, ¿qué la llevaba a tartamudear en presencia de una chica así? No podía entenderlo.

La hizo sentarse en el sofá y se preguntó qué era lo mejor en estos casos. Al no saberlo, fue a la cocina y volvió a los pocos segundos con un gran vaso de agua y un buen puñado de servilletas. Se las dejó en la mesita de al lado del sillón y se sentó junto a ella.

Espero que esto te sirva.

Muchas gracias —la vio tomar un sorbito de agua y dejar el vaso donde estaba para después tomar una servilleta y limpiarse educadamente con ella. Daba la impresión de ser una niña pequeña con buenos modales.

Marta creyó que ya había dejado pasar un tiempo prudente, así que se decidió a preguntarle qué es lo que había pasado, aunque ya lo sospechaba.

Escucha... ¿Q-Qué ha ocurrido para que vengas a mi casa a estas horas?

La chica se la quedó mirando con unos ojillos lastimeros que le rompieron el corazón. Enseguida, estos se le llenaron de lágrimas y se tiró en sus brazos, llorando desconsoladamente.

¡Pues he discutido con mi novio! —exclamó en el tono más alto que le había oído hasta ahora. Marta tragó saliva. El corazón le latía a mil por hora. “Me ha abrazado... calma, calma...” —se decía a sí misma.

Poco a poco, consiguió ponerle los brazos alrededor del cuerpo sin sufrir un infarto en el intento y en esa posición, la chica lloró durante por lo menos treinta minutos.

Aún no sé cómo te llamas.

Carmen —empezó—. Mi nombre es Carmen. Perdóneme, vine a su casa porque no sabía a dónde ir. Los demás vecinos parece que están de verbena y no quería quedarme en casa después de que mi novio se fuera.

¿Se ha ido?

Sí, siempre lo hace. Luego siempre vuelve, lo cual es una suerte.

¿Suerte? —Marta suspiró. Aquella chica no tenía ni idea de en lo que estaba metida.


¿Y entonces en qué trabaja, Marta? —preguntó la chica. Aquel tratamiento de usted la martirizaba. Si ya llevaban hablando tres horas, ¿por qué seguía haciéndolo?

Pues s-soy... —Marta se lo pensó un momento, ¿cómo le iba a decir que era actriz porno de películas lésbicas? No iba a decírselo. Fin de la historia—. Soy actriz.

Marta estiró los brazos y bostezó largamente, cansada. Cuando miró hacia la ventana, el sol ya despuntaba por ésta en todo su esplendor.

Caray, ya es de día.

Dios mío, pero si ya es de día. Bueno, me voy ya, Marta. Ya se ha hecho de día y mi novio debe estarme esperando.

Que te sea leve. Cualquier cosa, vuelve.

Por lo visto, la chiquilla tenía una mente muy densa para entender las cosas pero estaba decidida a hacerla cambiar de idea respecto a estar con su novio. Aunque le costase horas de sueño. Desgraciadamente, no iba a ser un trabajo fácil.

lunes, 28 de mayo de 2012

Proyecto Mayo 2012: La doble imagen

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—Papá, ¿cuándo saldremos de aquí?

Su hija lo miró en la oscuridad, con la única luz de una vela que se consumía con lentitud. Con aquel vestidito blanco con que su madre la había ataviado aquel día manchado de barro y su mirada curiosa empañada por una mancha de temor e inquietud, no parecía la misma niña feliz de la mañana.

Su pequeña no sabía bien por qué estaba allí, pero en su mente infantil, seguramente sospechaba que aquello no se resolvería en un abrir y cerrar de ojos. Nervioso, bajó la vista al suelo, pensando en qué decirle. Si bien, era de la opinión que no había que esconder la verdad a los niños pero, ¿cómo decirlo para que no le hiciera daño?

Como decirle que todos habían muerto y que los únicos supervivientes eran ellos dos. Que a mamá había tenido que matarla él mismo con sus manos, y los abuelos, los tíos y los primos se habían comido entre ellos. Cómo decirle de la catástrofe sin medida que había en la tierra, que llegaba mucho más allá de lo que su inocencia imaginaba. Cómo decirle que todos se habían vuelto locos de repente. Cómo no odiarse al decirle que, algún día, ellos serían los únicos que podrían repoblar el mundo: padre e hija.

—No lo sé, cariño, no lo sé...

***

Click aquí para leer el relato de Lu, con quien comparto imagen en este ejercicio.

domingo, 15 de abril de 2012

Ejercicio Abril 2012: El Titanic

¡Hola a tod@s! Aquí os traigo mi ejercicio, media hora retrasado. ¡Espero que os guste!

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Titanic 2315


"Todos a sus puestos. El vuelo interespacial de la nave "Titanic 2315" despegará en breve. Abróchense los cinturones. Despegaremos en cinco, cuatro, tres, dos, uno.... ¡cero!"

Mi padres me dijeron que tuviese cuidado, que no pensaban que los viajes espaciales fueran seguros. Yo les tranquilicé. No por algo había estado ahorrando durante diez años de sol a sol, sin gastar un centavo, para algo como esto: el sueño de toda mi vida. ¿Debía haberles hecho caso? Lo único que sabía era que estaba ansioso por ir y nadie me haría desistir. No sé si eso importa mucho ahora. Os explicaré un poco el por qué de mi viaje... Mis tatarabuelos habían hecho su primer viaje interespacial en la antecesora de la nave en la que iba. Sí, era un sentimental, quería recordarlos en todo su esplendor, pero no era precisamente esa la razón más importante por la que subir a esa nave: yo siempre había amado el universo: las galaxias, las estrellas, los asteroides, los planetas, la teoría del Big Bang y un largo etcétera. Se podía decir que era un apasionado del universo.

Pero por un momento, después de hacerme esta afirmación por milésima vez, dudé. Una intranquilidad había comenzado a recorrerme desde que habíamos ascendido, y ahora, algo de sudor frío recorría mi cuerpo. No lo había experimentado nunca. Comenzaron a asediarme unas ganas enormes de bajar de la nave e irme a casa, pero sabía que era demasiado tarde, así que intenté tranquilizarme y disfrutar de mi viaje. Para eso había ido allí, a disfrutar.

"Ya estamos en el aire, señores y señoras. En unos momentos, alcanzaremos la atmósfera y volaremos al vasto universo", el capitán, desde su cabina, hablaba con cierta ironía.

Siglos atrás, que un vuelo comercial alcanzase el espacio era algo que sólo ocurría en las series y películas de ciencia ficción. En esa época, todo aquello estaba desfasado, existían cosas mucho más avanzadas que ni los científicos ni las gentes antiguas entenderían. Horas más tarde, decidí mirar por mi ventana: el universo, plagado de estrellas, se veía aún más hermoso que desde la tierra. Desde allí todo era inigualable, lleno de paz y tranquilidad. En aquella nave, donde antes se oían los murmullos de los demás pasajeros, ahora sólo había lugar para la belleza del universo.

No sé cuándo me dormí, pero me despertó un gran estruendo. Algo iba mal: los pasajeros corrían y gritaban histéricos, pero yo me quedé allí, viendo como una gran grieta se iba abriendo en el techo. No pude pensar en mucho más. El oxígeno se me acababa, mis pulmones parecían retorcerse en mi interior... Un instante antes de morir, me pregunté: ¿nos recordarán?

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Cien años después, una nota de prensa rezaba:

"La nave espacial "Titanic 2315" desapareció hace ya más de cien años" Se cree que un meteorito chocó contra ella, acabando con la vida de noventaicinco personas. Hoy, día quince de Abril de 2415, les recordamos una vez más".



sábado, 7 de abril de 2012

Proyecto Marzo 2012: La frase (muy retrasado)

¡Hola! Publico el ejercicio del mes pasado con el único fin de compartirlo con vosotr@s, ya que el día de publicación no tuve tiempo de subirlo.

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Fin

Corría. El sonido de sus deportivas contra el suelo era absorbido por la marabunta de gente y automóviles que recorrían el estrés de una ciudad en hora punta. Un macuto cargado a su espalda, donde transportaba algunos de sus útiles, golpeaba contra su cuerpo a cada zancada. 

Había algo en el ambiente. Lo podía oler. Llevaba así varios años, entre la espada y la pared, presintiendo cómo algo se gestaba desde el interior de la tierra. Esquizofrenia, habían dicho los médicos. Luego, quizá, transtorno bipolar. Ella no lo negaba, siempre había sido una persona extraña, con muchos miedos, pero aquello lo superaba todo. Sabía que era real. Que pronto pasaría algo que haría reventar el mundo.

Por eso corría: porque la hora se acercaba y no tenía tiempo que perder. A pasos agigantados, algo se acercaba a ellos y debía refugiarse. Lo que nadie imaginaba, lejos de especulaciones, de extraterrestres o meteoritos gigantes; lejos de bombas atómicas o misiles nucleares. 

Un viento virulento azotó su rostro y una sensación de inquietud la recorrió. Miró hacia arriba presintiendo el peligro; lo que vio vino a confirmarle toda una existencia plagada de sospechas y temores. El cielo, de un azul brillante, formaba remolinos y se oscurecía por momentos. El fin se acercaba. La propia tierra, enferma, se volvía contra ellos. 

Con pánico, aumentó la velocidad de sus piernas. No podía perder el tiempo. Corrió, pero las montañas y las cuevas donde pensaba refugiarse aún estaban lejos. No. No esperaba que todo empezase tan pronto, que todo se fuera a la mierda en tan poco tiempo. La adrenalina, como pinchada en vena, la hizo correr aún más rápido. La destrucción a su alrededor, los gritos, persiguiéndola... y de repente el silencio. 

No quería mirar atrás. En un despiste, tropezó con un trozo de acera y cayó al suelo. No pudo evitar mirar atrás: dos grandes masas de aire chocaban entre sí, formando un enorme tornado que cada vez se hacía más grande. Ante sus ojos, la ciudad había desaparecido. Todo lo que conocía era ahora la nada. Sentía pánico. No podía cerrar los ojos. 

Después todo aquel aire la envolvió. Cerró los ojos y ascendió, siendo desgajada por el viento.